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Es uno de los más destacados productores de la escena nacional, ha participado en 22 películas con productoras nacionales e internacionales. Entre sus trabajos más recientes está “Neruda”, “El Club”, “Salty” y “Los 33”. De esta última producción aprendió que Chile necesita urgente un incentivo económico para explotar todo las fortalezas que ya tiene, y para que las productoras no escapen en busca de locaciones más baratas. De qué se trata su oficio, qué rol juega en la cadena de producción fílmica, qué opina de Chile como locación y qué falta para convertirnos en industria, a continuación.

A lo largo de su experiencia en el mundo audiovisual ha ejecutado distintos roles, sin embargo, reconoce que de todo ese carrete profesional, el trabajo como productor de línea es su favorito porque “es dinámico y da soluciones creativas”. Castro explica que el productor de línea (line producer) -tal como dice su nombre- trabaja en cada línea del presupuesto (budget) de una película.

Confecciona el budget a través del guión, luego lo desglosa, elabora un plan de rodaje, presupuesta esa historia a través de líneas de transporte y de elenco, una vez cerrado él es el responsable de mantenerlo controlado, tanto en la preproducción, en el rodaje y en la posproducción. Maneja todo el presupuesto y después lo deriva, por ejemplo, al jefe de producción o al departamento de arte.

“Es un trabajo muy creativo, que busca dar soluciones a través de la logística”, dice y explica que debe buscar salidas a los problemas, sin intervenir el guión artísticamente. “Si te piden explotar una casa y no se puede, tú puedes proponer una escena de balas y disparos. A través de los números, das soluciones creativas para poder contar la historia”, explica Castro.

El productor cree que como en todos los trabajos, para ser productor de línea es necesario tener un buen carrete y experiencia, sobre todo en el caso de los line producers que necesitan resolver problemas, a veces muy complejos, y que ponen en juego el rodaje. “Hay que tener pasta para poder liderar con amabilidad y poder controlar este gran camión que depende de ti”, asegura, y cuenta que, en su caso, el trabajo incluye estar dentro y fuera del set.

“El fierro es el fierro, la cámara es cámara, la luz solo luz. Si el equipo falla, lo reemplazas. Pero yo creo que la parte más difícil de una película es la preproducción. Si haces una muy buena preproducción y solucionas todos los problemas allí, el rodaje no debería tener ni un problema”, dice. De las 22 películas en las que ha trabajado, asegura que nunca ha tenido un problema grave, que no sea un imprevisto o un accidente. Según Castro, incluso, si alguien del elenco se enferma, la solución a ello debe estar pensada en la preproducción, para que no signifique una tragedia en medio del rodaje.

Chile, lo que tenemos y lo que falta
Los incentivos que ofrecen los países para que la industria global de cine, televisión y publicidad filmen en sus territorios, suelen ser no sólo altamente atractivos sino determinantes, ya que la elección de locaciones es una parte muy importante del proceso de toma de decisión.

De ahí la importancia que Eduardo Castro le da a este tema: “Si existiera el rebate, esto explotaría”, asegura. Además, reconoce a la mano de obra audiovisual chilena como una de las mejores del mundo. “Tenemos buenos técnicos, los humanos son de una calidad superlativa. Me ha tocado filmar en Francia, Colombia, Argentina, Brasil, Estados Unidos, y me he dado cuenta que nuestra calidad técnica es superior”. Incluso, asegura que en Los Angeles y Nueva York ha tenido mayores problemas para filmar que en Chile.

Castro cree que el país tiene muchas ventajas para ser un polo cinematográfico para la realización de obras audiovisuales, como son las locaciones, la logística, los técnicos, los equipos de cámara, luces y grip. “Nos falta el rebate para que no suceda otra vez lo que pasó con ‘Los 33’ y además, conseguir un entendimiento de las instituciones, del Estado y privados, sobre este negocio que genera un retorno al país”.

El productor viaja constantemente por el mundo y en su experiencia con productoras internacionales, dice que el comentario sobre Chile siempre es bueno: ”Empiezan una preproducción con muchas dudas, pero luego comienzan el rodaje y tienen una grata sorpresa. Finalmente, siempre quieren volver porque somos buenos trabajadores y en Chile encuentran una forma de trabajar mucho más eficiente”, afirmó.

A pesar de las fortalezas del Chile audiovisual, Castro piensa que más allá de un objetivo artístico, quienes vienen lo hacen por negocio, y en ese sentido, el factor “costo” es fundamental. “Si todo lo que tenemos para ofrecer es más caro que en otro lugar, no vendrán. Por eso es urgente un incentivo económico”, sentencia el prestigioso productor chileno.